La Observación de bebés, desde varias perspectivas, ha dado un fuerte impulso a la comprensión del recién nacido, e incluso del bebé en el vientre de la madre, sus desarrollos y sus posibilidades psíquicas. Como propuesta, ofrezco la consideración del ‘compromiso emocional’ de dos mentes para iniciar y afianzar la supervivencia física y emocional del bebé pre, peri y neonato.
El recién nacido no tiene palabras, tiene el lenguaje del cuerpo para expresar cada movimiento emocional que suceda en su existir. La función alfa de la madre en compromiso intenso con su bebé, realiza, en íntima ensoñación, la guía hacia el mundo humano, a través de la transformación creativa de elementos beta (β) proyectados por el bebé, en sensaciones, experiencias, elementos alfa (α) factibles de ser tolerados el tiempo necesario para que se constituyan en un ejercicio de pensamiento para el bebé. Mensajes evidentes como los de Pablo, un bebé prematuro con sólo 20 minutos de nacido, nos acercan a la oportunidad de aceptar el reto del compromiso emocional que requiere usar el lenguaje del bebé como acto comunicativo y de diálogo afectivo. Creo que la función α es la „función sabia de la personalidad‟, que ofrece al infante en el útero y fuera de él, el espacio emocional en el cual construir su universo comunicativo para el despliegue de su psiquismo.

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