«“Apúrate un poco, por favor”, le digo a mi marido mientras maneja a la clínica. La gente te dice que el dolor de las contracciones se olvida cuando tienes otro hijo, y es verdad. Yo no me acordaba de todo lo que dolían.

Llego suplicando por anestesia apenas mi matrona me pregunta cuánto me duele. Seis, en una escala de uno al diez, le respondo. Por suerte me suben rápido a la sala de parto y llaman a la anestesista. Estoy mucho más avanzada que mi primera vez y siento que todo se está dando más rápido» (…)

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